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Nevado Paccha – a puertas del cielo

“Todo estaba blanco, no podía ver nada, solo sentí que ya había llegado al cielo”.

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Cuando me ofrecieron participar de una expedición que estaba organizando Richard Hidalgo, uno de los mejores montañistas del Perú,  me sentía la mujer más afortunada del mundo.

¿Yo, subir a un nevado con Richard Hidalgo? ¿Él no había estado en el Everest? Fueron solo dos preguntas de las miles que pasaban por mi cabeza.

Éramos un grupo de 10 personas, pero no todos íbamos a subir al nevado Paccha; aquella montaña por la carretera Central de Lima con una altura de 5,350msnm.  El primer y segundo día los usamos para aclimatarnos.  Nos levantamos temprano por la mañana para subir a Ticlio (4,818msnm) y hacer una pequeña caminata en ascenso.  Ahí nos dimos cuenta de las limitaciones que tenía cada uno y qué tan preparados estábamos para lo que venía.

Llegó el tercer día.  “Nos vamos al campamento base, cojan lo que van a usar y lo demás lo dejan en el carro”. – dijo Richard.

¡Aquí, empezó la aventura!

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Campamento base – Nevado Paccha

La caminata

Cargaba unas botas enormes, parecidas a las de un astronauta, un pantalón grande impermeable, una mochila en la cual solo tenía mi sleeping y un par de calentadores, unos piolets y mi botella de agua. Decidí no llevar más ropa, dormir con lo que tenía puesto en ese momento, y con las mismas subir al nevado al día siguiente.  Gran decisión, me aligero la carga, pero igual, ¡parecía un Ekeko!

La noche fue larga, pero dormí como un bebé.  A las 5.30am ya estaba lista para salir.  Tenía un poco de miedo.  ¿Habrá buen clima?  ¿Podré aguantar tantas horas caminando? ¿Qué pasa si no soy lo suficientemente rápida, ágil o si mi cuerpo no logra soportar la altura? ¿Habré fracasado frente a un gran montañista?

Toda la morrena la pudimos subir sin problema.  Pero a penas llegamos al glaciar, empezó a nevar. Volví a tener miedo.  Nunca había subido un nevado con mal clima.  Éramos 7 los que estábamos subiendo; 4 inexpertos, Richard y 2 guías de Huaraz.  Yo iba tercera en la segunda línea donde éramos 4.  Ronald y Eder, nuestros guías cerraban mi línea.  Estábamos cansados por el desgaste físico y por la altura, pero manteníamos el ritmo.

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«El lugar estaba cargando de nieve, no era difícil darse cuenta que estábamos en una zona peligrosa»

Tensiones

Sin embargo, solos, en medio de la montaña, sin algún ruido, escucho a los expertos mencionar algo sobre una “placa”.  En ese momento no tenía idea qué era una placa, pero sabía que no podía ser nada bueno.  Había nevado el día anterior, el lugar estaba cargada de nieve.  No era difícil darse cuenta que estábamos en una zona peligrosa.  Nuestra línea avanzaba rápido, hasta que Brenda, mi amiga, quien estaba adelante mío, y yo, decidimos parar.  No podíamos más.  No veía nada, tenía frio, estaba asustada porque sabía que la “placa” tenía que ver con avalanchas y cuando traté de abrir mis ojos y no logré ver nada.  Me volví una estatua.  Por un momento sentí mi alma fuera del cuerpo, como si estuviera en el cielo.  Pensé que ya nos había caído el alud encima.  Pero solo bastó que me golpeara por la espalda una bola de nieve y escuchar un fuerte grito de Eder que me hizo acelerar nuevamente y seguir caminando.  “Apúrate que seguimos en la placa”.

Mi cuerpo solo reaccionó a seguir caminando, ahora con más velocidad.  Seguía sin ver nada, pero no me servía caminar lento, así que tuve que empoderarme y seguir adelante sin bajar la guardia.

Llegamos a la cumbre 6 horas después que partimos. Cansada y con frío, pero lo logré.  La satisfacción que tenía era incomparable.

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En la cima del navado Paccha con Brenda Oviedo (Vamos Mochilea)

Descenso

Ahora, el nuevo reto estaba en bajar y volver al campamento base.  Mi mente me volvió a jugar en contra, ya que me había golpeado la rodilla y era la misma que había sufrido una lesión el año anterior.  Estaba nerviosa, pensando que podía volver a terminar en cama.

Seguía nevado.  La morrena se puso resbalosa y difícil de bajar.  En momentos, las piedras se encontraban tan lejos una de la otra, que tenía que abrazarme a ellas y deslizar mi cuerpo para seguir descendiendo.

Caminé un poco sola para tranquilizarme.   Fue un gran reto volver a pensar positivo y no dejarme llevar. Lo logré.  Llegué al campamento base luego de 4 horas, y con las mismas salimos del lugar, ya que por temas de logística no podíamos quedarnos una noche más.

Aprendizaje

Ahora, luego de esta experiencia, admiro a las personas que deciden dedicarse a cualquier deporte de montaña y que son conscientes de este peligro. Aquellos que arriesgan su vida todos los días por estos deportes, trabajar como guías o porteros.

Vivir esta experiencia junto a un experto, Richard, me enseño más de lo que hubiera imaginado. ¿Qué es lo que está verdaderamente detrás de un gran montañista?  No es tarea fácil.  Tiene que haber mucho trabajo mental y físico. Conocer el lugar, conocer la montaña.  El riesgo está ahí, frente a tus ojos.  La mayoría de las víctimas de un alud lo son por la rotura de una placa provocada por ellos mismos o por algún compañero.   En cualquier segundo todo puede terminar.

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Ascenso, octubre 2018

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