De la ciudad a la montaña

Levantarte temprano en la mañana, no tomar desayuno por dormir un poco más, pasar horas en el tráfico para llegar al trabajo, salir por la noche y usar un poco del tiempo que queda para hacer lo que te gusta.  ¿Les suena familiar?

¿En qué momento disfrutamos la simple razón de estar vivos?

Desde hace mucho tiempo me di cuenta que yo no pertenecía al ritmo acelerado de las ciudades, donde nos hacen creer que no tener tiempo y vivir al límite, es ser productivos. Nos enseñan desde pequeños que tener una línea de carrera, formar una familia, es lo que todos tenemos que hacer porque es lo correcto, y si nos salimos de “lo establecido”, estamos – como dirían – perdidos.

No era mi lugar, no encajaba.

Considero que no existe una manual para tener una vida exitosa.  Cada persona tiene su forma de ver el mundo; cada uno es autor de su libro y busca su propia felicidad.

Terminé mi carrera y dos años después, pensé que me tomaría más, tomé la decisión de renunciar a un buen trabajo por perseguir mis sueños; mis ganas de descubrir el mundo.  No quería esperar más tiempo, porque al final de cuentas, nadie sabe hasta cuándo vamos a vivir.  Sin planes muy exactos, me dejé llevar por mi instinto.  ¿Tengo un plan? ¿Sé cómo hacerlo?  La respuesta es, no.  No tengo una lista detallada de cosas por hacer, simplemente es vivir acorde a lo que pienso, siento y experimentar los nuevos retos que se me presenten.

Algunos me llamaron loca, otros me hacían mil y un preguntas, y muy pocos me apoyaron desde el inicio.  Pero acá estoy, viva y respirando en medio de los Alpes desde hace tres meses, probando nuevos deportes (ski, snowboard) y aprendiendo francés.  Pasé de una ciudad de millones de habitantes a un pueblo con alrededor mil personas.   Nueva casa, amigos, idioma, clima, cultura, etc.   El cambio no ha sido fácil, pero es parte del proceso, es lo que yo quería.  ¿Qué más puedo pedir?  Tengo todo lo que necesito; salud y la experiencia ganada que me hará buscar soluciones ante cualquier situación.

He tenido que dar mi brazo a torcer, darme un respiro y cambiar ese chip impregnado en mi cabeza, en donde “ser productivos” es hacer muchas cosas en un día, cuando ahora creo que ser productivos es hacer algo que impacte positivamente alrededor nuestro y que genere, al menos, un poquito de felicidad en otros, y especialmente en nosotros.  Tuve muchas peleas en mi cabeza, pero es un reto de todos los días; disfrutar cada instante y no sufrir cuando no hago tantas cosas.

Ahora es momento de concentrarme para seguir la aventura.  En unas semanas partiré a un nuevo destino al otro lado del mundo; Nueva Zelanda.  ¿Cuál es el plan?  Usar las herramientas que tengo a la mano para vivir acorde a lo que pienso, disfrutar cada instante y buscar mi propia felicidad.

Marzo 2019

 

 

 

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